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Los niños y las mentiras.

Los niños y las mentiras.

“Mamá, he venido volando desde el colegio”, “mamá, hice toda la tarea”, “mamá yo no tiré ese jarrón sobre el cristal de la mesa del comedor”.

A veces, estas afirmaciones no son ciertas, ya que, en algún momento todos los pequeños mienten, por uno u otro motivo. Ante ello, los papás y mamás se plantean qué hacer y es importante que tengan en cuenta que, en función de la edad y otras cuestiones, deberán actuar ante las mentiras de un modo u otro.

¿Cuántas veces hemos dicho a los niños que no hay que mentir? Sin embargo, a veces los propios adultos lo hacen delante de los niños. Por poner un ejemplo, si esa noche os quedáis en casa porque no tenéis ganas de ir a un compromiso familiar, no será conveniente que delante del pequeño digáis: “oye, que no vamos a poder ir porque Juan está malito”. Él se dará cuenta de que eso no es verdad y si ve que lo hacéis vosotros  imitará dicho comportamiento.

Al protagonista de este cuento no le gusta que los adultos le mientan, por eso le da una buena lección a su profesor. ¿Quieres saber por qué? 

Cuentos infantiles: El monje y el pupilo

En una pequeña escuela de un pequeño pueblo chino perdido en las montañas más altas, había un profesor que a la vez era monje. Al monje, lo que más le gustaba era tomar aperitivos y dormir siestas. Todos los días, después de las clases, él comía y comía hasta que no podía prácticamente ni moverse. Poco después del comienzo de las clases él siempre se tomaba una siesta y se dormía hasta que la campana del final de la clase sonaba.

Una mañana, el pequeño Lee, el hijo de un pobre aldeano que estudia en la clase del monje, le preguntó:

– Profesor, ¿puedo preguntarle por qué se duerme siempre en las clases?

– Querido pupilo – respondió el monje sin ningún tipo de vergüenza- Esto no es exactamente así. Verás, durante los minutos que duermo, estoy en contacto con Buda y de este modo puedo escuchar las sabias palabras que me transmite. Por esa razón intento dormir todo lo que puedo.

nio-dormir-salon-de-clases-sueoAquella noche Lee tuvo que cuidar a su padre que estaba enfermo, y por eso a la mañana siguiente se quedó dormido en clase. Se había quedado tan profundamente dormido que no había escuchado la campana de la escuela que ponía fin a la lección. Sin embargo, el monje sí que se despertó, y vio al muchacho durmiendo. Se enfadó muchísimo, fue hacia él y lo agarró de la oreja gritando:

– ¡Eh, tú, pequeño granuja! ¿Cómo has podido quedarte dormido en mi clase?

– Verá profesor – dijo nuestro pequeño amigo mientras se desperezaba – En realidad no es exactamente así. Estaba conectado con Buda, escuchando las sabias palabras que me transmitía.

– Ah, ya veo… ¿y se puede saber qué es lo que nuestro todo poderoso Buda te estaba diciendo?

– Pues mire, lo que nuestro todo poderoso Buda me ha dicho es: “Nunca, ni en toda mi larga y experimentada vida, he visto a tu profesor”.

Fuente: Casa Asia – www.casaasia.es

 

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